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OBRAS LITERARIAS Y OTROS TRABAJOS DE INTERÉS MASÓNICO 1

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OBRAS LITERARIAS Y OTROS TRABAJOS DE INTERÉS MASÓNICO 1

Mensaje por Deep el Lun Sep 06, 2010 10:13 pm



¿SOIS MASÓN?



¿Sois Masón?

Solo recordaba aquel fuerte dolor en el pecho.

¿Cómo vine Yo a para aquí?

El ambiente era familiar, ya estuve aquí una vez

¿Pero cuándo?

Caminaba sin rumbo.

Personas desconocidas pasaban a mi lado,

pero no tenía el coraje para abordarlas.

Esperé, y me pregunté:

¿Qué grupo sería aquel reunido con ternos negros?

¡Lógico! Estaré yendo o viniendo de un entierro.

¡Esta claro, son hermanos!

Me acerque al grupo.

Al verme llegar, interrumpieron su conversación.

Discretamente me identifiqué de Aprendiz, obteniendo respuesta.

La alegría afloró de inmediato en mí.

¡Estaba entre hermanos! Me identifique con mi nombre y grado.

Pregunté ansioso lo que estaba aconteciendo conmigo.

Respondieron con mucho tino y fraternalmente: Había muerto…

Me asusté grandemente… ¿Y mi familia? ¿Y mis amigos?...

¿Cómo están?

Están bien, están siendo atendidos por la Orden, no se preocupe…

A su debido tiempo Usted los verá, respondieron.

Aún asustado, pregunte el motivo de sus vestimentas.

Nos estamos encaminando a nuestro Templo, fue la respuesta.

¿Templo? ¿Ustedes tienen uno?

Si claro… ¿Por qué no?

Me sentí más tranquilo, al final soy un Gran Inspector de la Orden y

con certeza recibiré las honras debidas a mi grado.

Pedí poder acompañarlos, y así se hizo.

Al final de una pequeña caminata divise el Templo.

Confieso que quede admirado por su gran belleza.

Las columnas del pórtico, majestuosas. Nunca vi algo igual.

Imaginen como debería ser su interior

y como me sentiría tomando parte en los trabajos.

Caminamos en silencio,

al llegar a la antesala me encontré con hermanos conversando animadamente,

pero mas bien en un tono respetuoso.

Uno de ellos, el que me acompañaba, llamo al que estaba delante de él.

¡Hermano Experto! Acompañe al hermano recién llegado

y con él espere en la antesala de los pasos perdidos.

No entendí bien.

Al final, había mostrado mis credenciales

y no era ese el tratamiento que se me debería dar.

Esperé unos instantes,

seguro de que me preparaban una recepción más fraternal.

Con seguridad estarían preparando alguna ceremonia especial para mi entrada; en realidad un grado 33º no podía esperar nada diferente.

Verifique que los hermanos que habían quedado en el atrio, en silencio,

iban formando un cortejo para la entrada al Templo.

Por la distancia, no pude escuchar los que los hermanos decían.

Un halo de luminosidad invadió a todos.

Entraron silenciosamente al Templo.

Conmigo quedo el Hermano Experto.

De tanta emoción, no conseguía hilvanar palabra alguna.

El tiempo paso… no se cuanto tiempo.

Finalmente la puerta del Templo se entreabrió

y salio el Hermano Maestro de Ceremonias,

se encamino hacia mí y me comunico que seria recibido al instante.

Ajusté el Mandil e infle mi pecho.

Comprobé que mi collar y medallas estuvieran ordenadas

y me encamine con él.

Me intranquilice algo ¿quien no lo haría en estas circunstancias?

Respiré profundo y entré ritualísticamente al Templo.

Extraño… esperaba encontrar lujo y esplendor, mucha riqueza.

Comprobé, de inmediato, una simplicidad enorme.

Una luz brillante, que no sé de donde venía, iluminaba todo el ambiente.

Salude al Venerable Maestro y a los vigilantes en la forma acostumbrada.

Nadie se levantó a mi entrada.

Ningún batir acompañó mi avance.

Todos se mantenían silenciosos y en actitud respetuosa.

Realmente no sabía que hacer… era todo inhabitual para mí.

Esperaba órdenes…

por fin ellas vinieron con la voz firme del Venerable Maestro:

(¿………….?)

Reconociendo la necesidad del retejeamiento, en tales circunstancias respondí:

(……….…….)

Sonreí para mis adentros, mientras esperaba tranquilamente la siguiente pregunta y el momento propicio para demostrar mis conocimientos y desenvoltura.

En su lugar, el Venerable Maestro dirigiéndose a los presentes, pregunto:

¿Los hermanos aquí presente lo reconocen como Masón?

El silencio fue total.

Me asusté ¿Qué era esto? ¿Por qué tal pregunta?

Esto con certeza no era parte el ritual.

Dirigiéndose a mí, el Venerable Maestro respondió:

Mi caro hermano visitante,

los hermanos aquí presente no lo reconocen como Masón.

¿Cómo no? Dije Yo. ¿No ven mis insignias y paramentos? ¿Mis diplomas? ¿Mis medallas? ¿No verificaron mis documentos? ¡Retéjeenme!

Si caro hermano, respondió solemnemente el Venerable Maestro.

Con todo, con haber ingresado a la Orden, tener diplomas, ostentar insignias y medallas, no basta para ser reconocido Masón.

Es preciso antes que nada, tener construido su “Templo Interior”

y verificamos que esto no ocurrió con vos, hermano.

Observamos, que a pesar de haber tenido todas las oportunidades de estudio

y haber alcanzado el mayor de los grados, no habéis realizado progreso alguno.

Su paso por el Arte Real fue efímero.

No pude aguantar más y respondí:

¿Cómo efímero? Ustedes, que todo lo saben,

¿no observaron mis actitudes fraternas?

Fui interrumpido: Hermanos… veamos entonces su defensa:

De inmediato se enfoco una pantalla como de televisión y en la imagen me reconocí junto a un grupo de hermanos haciendo comentarios humillantes contra otros hermanos,

haciendo chacota con la presencia de los aprendices, contando chistes en el atrio, conversando y desatendiendo el desarrollo de los trabajos,

intolerante con los hermanos, haciendo gestos para llamar la atención de mi presencia en Logia…

¡Era verdad! Me dio vergüenza…

traté de justificarme, pero no encontraba argumentos para mi defensa.

Recordé entonces mis acciones benéficas y me explayé sobre ellas.

Cambiando la imagen como se cambian en el canal de televisión,

me vi colocando la mano vacía en el saco de beneficencia.

Era cierto y por costumbre lo hacia así,

por pensar que el óbolo no seria bien usado…

Pensaba que yo le daría el mejor destino, pero, por desgracia, nunca lo hacia…

Me vi en la visita a los hermanos enfermos y comprendí que era más por obligación que por fraternidad.

Quede en silencio y lagrimas de remordimiento me brotaron de los ojos.

Instintivamente comencé a retirarme cabizbajo.

Me detuve al oír la voz autoritaria y al mismo tiempo fraterna del Venerable Maestro.

Mi Querido Hermano, reconocemos sus debilidades a todo el mundo y en la Masonería, con todo,

reconocemos que el hermano fue iniciado en nuestros Augustos Misterios.

Prometemos a sus iniciados protegerlos y así lo haremos.

El Querido Hermano, tendrá la oportunidad de enmendar sus errores, al final, todos los aquí presentes ya lo cometimos en alguna vez.

Relájese ahora. Tómese el tiempo necesario y al volver sobre este tema,

llegue con nuevas experiencias,

nosotros lo encaminaremos nuevamente hacia el camino correcto de la Orden Masónica.

Su nuevo caminar será seguramente más promisorio y útil.

Salí decepcionado, más extrañamente aliviado.

Aquellas palabras parecen haberme sacado un gran peso de encima.

Con seguridad, allí yo desbastaría parte de mi Piedra Bruta.

Estaba saliendo ritualísticamente, cuando pasé entre columnas…

Desperté sobresaltado y mojado del sudor.

Mi corazón estaba muy agitado.

Me levante asustado, más bien con cierta alegría en el pecho.

¡Había soñado!

Me dirigí al guardarropa.

Mi terno negro y mis guantes blancos sin uso, estaban allí.

Rápidamente retiré del paletó las medallas e insignias,

junto a los diplomas, algunos sin mérito, y los guardé en una caja de fondo, donde nadie los pudiese ver.

Aún emocionado y con los ojos llenos de lágrimas, me dirigí a mi mesa de trabajo y con las manos trémulas y lleno de una alegría enaltecedora, retiré mi Ritual de Aprendiz Masón y comencé a leerlo.


Anónimo.

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LA RESPUESTA DE PITÁGORAS




Cuéntase que después de haberse iniciado Pitágoras en los Misterio Egipcios, le preguntaron que había visto en el Templo. Y respondió: nada. Muchos HH.·. recién iniciados se van de la Orden porque en nuestros Talleres encuentran nada, porque nuestro simbolismo no significa nada, porque en la Masonería no se hace nada y otros se quejan de que en las Logias se habla mucho de simbolismo y nada más, que la Masonería es una institución para hacerse de amigos y nada más, que a las tenidas viene uno a perder su tiempo y nada más. Hace ya más de veinte años que el filósofo existencialista Martín Heidegger, en una conferencia titulada ¿"Qué es Metafísica"?, se le preguntó lo que significa cuando uno dice: "nada", y el contesto: "sólo eso y nada más". No me propongo otra cosa sino preguntarme lo mismo con respecto a la Masonería. Va al Taller porque no encontró nada. ¿Y cómo es que no encontró nada? ¿No encontró el Templo con su ara, sus columnas, su mobiliario y su decorado? ¿No encontró a sus HH.·. reunidos en Logia? ¿Y cómo es que dice que no encontró nada y que el simbolismo no le dice nada? Entonces encontró por lo menos el simbolismo. ¿Y cómo puede decir en una misma frase que en la Masonería no se hace nada y en la Logia se habla mucho, nada más?. Entonces se hace algo, aunque no sea más que hablar. Parece, pues que lo de la nada que se encuentra en la Masonería no hay que tomarlo tan al pie de la letra. El neófito que entra en el Templo encuentra algo, pero no encuentra lo que busca, lo cual plantea toda una serie de preguntas:


1 ¿Qué es lo que busca el profano que solicita ser iniciado?

2 ¿Que es lo que no le puede ofrecer la Masonería (la nada que encuentra)?

3 ¿Qué es lo que le puede ofrecer la Masonería?

4 ¿Qué es lo que encuentra el neófito al decir que no hay nada?

El presente trazado tiene por objeto contestar a estas cuatro preguntas.


1 ¿Que busca el profano que solicita su iniciación?


Puede devenir por una gran variedad de motivos, desde el más vil materialismo, el deseo de encontrar protectores o amigos para los negocios hasta el más elevado localismo humanitario. Lo más a menudo será una mezcla de todo y con frecuencia habrá un sentimiento de la propia imperfección y el deseo de hacerse mejor y más perfecto. No será raro tampoco que se espere encontrar en la Masonería un estimulo para hacerlo actuar a uno, para compensar la propia falta de actividad; ideas originales y extraordinarias que pongan en funcionamiento el pensamiento y la imaginación. Es uno de los problemas de la Masonería el que, por el propio secreto que impone a sus miembros, el profano llegue generalmente a sus; puertas despropósito de todo conocimiento realista de lo que le espera y en cambio, lleno de ilusiones y esperanzas que van de lo simplemente inadecuado a lo absurdo.


2 ¿Qué es lo que no puede ofrecer la Masonería?


La Masonería no está hecha a la medida de las ilusiones del neófito. Si éste ha esperado un renuevo completo de su personalidad en forma de una muestra gratuita ofrecida a todo el que entra, se ha equivocado. Le damos la luz, le damos las herramientas para trabajar y le enseñamos la piedra bruta. Lo demás es asunto suyo. Tiene que trabajar para recibir su salario y éste se le da según la cantidad y calidad de su trabajo. No podrá pedir que se lo regalen todo de una vez y sin hacer el menor esfuerzo. Entonces el neófito no halla lo que buscaba. El buscaba un medio cómodo para hacerse la vida más fácil y agradable, para sentirse importante a poca costa, para vivir en paz consigo mismo. Y como no halla lo que busca, dice que "no encontró nada". Con ello expresa que todo lo demás que encuentra no le importa, que aquello es todo cuanto querrá y nada más. Es como el niño a quien le niegan un dulce de a centavo y que a través de sus lagrimas ya no es capaz de ver el hermoso pastel que le ofrecen. Decir que en la Masonería no se hace nada es otra manera de indicar que uno quería granjearse satisfacciones de amor propio a bajo costo. Si en la Masonería ya se estuviera realizando una autentica obra humanitaria, podríamos participar en la gloria sin tener que tomarnos la molestia de planearla y ejecutarla nosotros. Si la Masonería fuera lo que quisieran los que se quejan de no encontrar nada en ella, será el exacto equivalente de las múltiples sociedades de beneficencia cuyo principal objeto consiste en procurar que los retratos de sus miembros aparezcan periódicamente en la prensa con cualquier pretexto. Todas estas satisfacciones de amor propio, todos estos objetos de ilusiones y esperanzas irracionales la Masonería nos lo ofrece; de ahí que aquellos que no buscan más que esto, no encuentran nada.


3 ¿Qué puede ofrecer, entonces, la Masonería?


Desde el punto de vista de estas personas: nada, pues para ellas el trabajo, el estudio, no es nada; y si no tienen la paciencia necesaria, nos dan la espalda. Cuanto más irreales e irracionales han sido sus esperanzas, tanto más tiempo necesitarán para hallar lo que ofrece la Masonería, trabajo, herramientas para ejecutarlo, el salario que sólo se consigue trabajando. El neófito tiene que aprender que en Masonería no hallará satisfacción alguna sino en razón de su propio trabajo. A través de su aprendizaje se dará cuenta de que si la Masonería le ofreciera sin trabajo las satisfacciones que buscaba, entonces sí podría decir que no es nada. En la Masonería se come lo que se trae, el que viene con las, manos vacías, esperando hallar todo ya preparado, se queda con el hombre. Lo que pasa es que el hombre moderno tiene del trabajo un concepto muy distinto del que tenían las corporaciones de constructores de antaño. Para nosotros, ó por lo menos para la mayoría de nosotros, el trabajo es esclavitud, actividad mecánica, impersonal, algo que se hace porque uno tiene que comer y sin trabajo no hay comida, algo que uno hace a regañadientes, esperando que el reloj marque la hora de salida; de allí buscamos el descanso, la diversión, las comodidades. Somos pocos a quienes la suerte ha deparado un trabajo constructivo y menos los capaces de buscar y hallar el descanso en una actividad creadora. El constructor medieval no se preocupaba por ahorrar tiempo para terminar la catedral, sino que se detenía en los detalles, agregando una profusión de esculturas tan bellas como innecesarias para la arquitectura, simplemente porque sentía gusto en crear lo bello, aunque tardara siglos en la construcción de la obra ó quedaría inconclusa. Nosotros ya no comprendemos fácilmente este placer en el trabajo. Queremos que el trabajo termine lo más pronto posible para poder dedicarnos a otras actividades en apariencia más placenteras. Necesitamos volver a descubrir la vocación artística del hombre la única que le da plena satisfacción ó de servir de apéndice pensante de una maquinaria, sino de realizar un trabajo creador. Esto es lo que puede y lo que debería ofrecernos la Masonería. La última pregunta fue:


4 ¿Qué es nada que el neófito encuentra en el Templo?


Toca la puerta se le abre y no encuentra nada. ¿Qué es esta nada? Ya dijimos que tomar la palabra en sentido estricto sería absurdo. Algo encuentra, y si lo presionamos un poco nos diría: "No hay nada; sólo palabras, sólo rituales, solo símbolos, sólo ideas anticuadas. Algo encuentra, pero no lo que buscaba. Y como lo que encuentra no es nada en comparación con lo que buscaba, dice que no hay nada. Pero esta nada no es sólo un fenómeno negativo. En esta nada hay como un germen de algo nuevo y grande. El H.·. que se va de la Logia quejándose de no haber encontrado nada, no se limita a decir eso. Se va disgustado, decepcionado. El encuentra que la nada lo ha afectado en lo más hondo de su ser. Seguramente, pero halló precisamente su propio disgusto su propia decepción. Aunque se vaya de nosotros, su decepción lo sigue. Y aunque no lo confiese, no dejará de pensar de vez en cuando que para hallar algo se necesitan dos cosas algo que esté ahí y alguien que sepa buscar. Y si no se halla nada, no es siempre por falta de un objeto. Al lado del orgullo porque él no se dejó engañar, estará la constante inquietud acerca de qué habrán hallado los se quedaron y que el no supo hallar. Se ve puesto así de frente a frente con su propia insuficiencia, con su propia nada. Si quiere ser sincero consigo mismo, tiene que reconocer que donde no encontró nada, es en él. Este es el punto donde empieza a germinar la idea masónica. Si el hermano llega a este punto, empieza a ser masón. No es por casualidad que lo primero que ve el recipiendario en su iniciación sea la cámara de reflexiones con las imágenes de la muerte y del renacimiento. Tiene que reconocer que él no es nada, y si no llega a la experiencia de la nada, no habrá renacimiento ni será nunca masón de verdad. Pero tan pronto encuentra la nada en sí mismo como su propia insuficiencia, se podrá dar cuenta también de que le ocurre con respecto a sí mismo lo que le ocurrió con la Masonería. Allí decía que no hallaba nada, sin embargo, hallaba muchas cosas, menos aquellas naturalmente, que en sus ilusiones había esperado que encontraría. Entonces se impone un examen de conciencia, un estudio laborioso y sincero de lo que él realmente quiere. Pronto verá que sus ideales no son incompatibles con los de la Masonería, a condición de formularlos claramente. ¿Quiere ser rico?. La Masonería no se opone; antes al contrario, le facilitará contactos; pero eso sí, el dinero lo tiene que ganar él.

¿Quiere alcanzar fama? ¿Qué Logia se opondría que uno de sus miembros se hiciera célebre?. Le facilitará todas las oportunidades posibles, pero el trabajo lo tiene que hacer él. Cualesquiera que sean los deseos ó ideales que tenga con tal que no vayan en detrimento de la Humanidad la Masonería con su espíritu amplio y abierto, le presta las herramientas y el apoyo de todos pero de ahí en adelante, ¡Manos a la obra!. Pitágoras, al salir del Templo Egipcio no había visto nada. Pero como Pitágoras era Pitágoras, no se contentó con irse decepcionado echando peste contra los misterios egipcios, sino que encontró la nada en sí mismo, en sus deseos e ilusiones. Murió con sus ilusiones y renació con sus ideales a la verdadera luz de la sabiduría.

Y que la Masonería siga siendo nada a los ojos del iluso es la mejor prueba de su valor.


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