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El demonio del suicidio

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El demonio del suicidio

Mensaje por Deep el Sáb Ago 14, 2010 1:23 am

-Por fin te encontré -Fue lo único que le dije. Lo vi sentado en una banca de la plaza de armas, tomando un café y leyendo el periódico, al parecer le gustaba leer en las noticias sus actos. Sin importar que estábamos a cuatro grados y corría el aire frío, el parecía disfrutar esta estación.


Mi búsqueda había llegado a su fin, me encontraba parado ante esa entidad salida del infierno, ese ser que hace que las personas acaben con su vida. Para el hacer que las personas se suiciden es su razón de ser, su propósito, es algo que disfruta.

A veces se pone a jugar con la vida de las personas, cuando atentas contra tu vida el esta ahí a un lado tuyo, moviendo los hilos como un titiritero, si fallas es porque el así lo quiso, tal vez exista un segundo, tercero o cuarto intentos fallidos, el se divertirá hasta que al final le aburrirás y te matara, cortara esos hilos al títere y todo habrá acabado.

-Ahh, eres tú- dijo sin pena ni gloria.

El tenia forma humana, sin embargo podría adoptar cualquier forma que le pareciera, a su gusto, no importaba, el siempre iba a estar ahí. Su inexpresivo rostro era fácil de reconocer sin importar que forma tuviera, para aquellos que habíamos estado en contacto con el, teníamos un sexto sentido desarrollado, todo debido a nuestra cercanía con la muerte.

-Sabes a lo que he venido, lo que quiero y no puedes evitarlo- Yo era un niño cuando le conocí la primera vez, ahora han pasado veinte años, me he encontrado con el una docena de veces.

-Eres el primer mortal desde mi existencia que me ha buscado y me ha encontrado, nadie hace eso, tú estas mal de la cabeza- me dijo de la forma mas fría.

Sonreí, hacia años que había dejado de hacerlo, sin embargo ese comentario tonto me saco una sonría. He deambulado por el mundo entero buscando la forma de matarte, de enviarte de regreso al infierno donde sufras por todo lo que has hecho, que las mismas almas que tomaste te atormenten en el infierno.

Su risa acompaño mi sonrisa, sabia que tenia la habilidad de leer el pensamiento de las personas, pero no me importaba, ya había dejado de mentir, de ocultar las cosas y siempre decir la verdad.

Me costo un parpadeo para verle cambiar de forma, ahora era una chica sensual y atrevida, con botas altas, una minifalda y una blusa muy escotada, me parecía una puta, de esas que andan en la calle y venden su cuerpo por placer, es lo más bajo que puede caer un ser humano, se había convertido en un monstruo con apariencia humana.

-Anda guapo, ven siéntate a un lado mío, hazme compañía que me siento sola, hoy hace frío y necesito alguien que me caliente-

Podía quedarme parado toda la mañana, pero me parecía impropio y tonto en cierta manera. Me senté a un lado de el o tal vez ella, no importaba la apariencia que el tuviera, el seguía siendo un demonio, alguien que se divertía haciendo que las personas se suicidaran.

-Sabes que soy asexual, no me interesa el sexo ni las relaciones afectivas. No eres un sucubus, deja de hacer eso. Te pido que por favor vuelvas a la forma anterior, hace frío ya todo el que pasa se te queda viendo y siento como me penetran con sus miradas y pensamientos lujuriosos-

Solo los Ángeles son asexuales, no tienes alas, tu las tuviste hace tiempo, todos los humanos en su momento fueron Ángeles, que por voluntad propia se alejaron de Dios para vivir la experiencia de ser mortales, sin embargo no todo es como se planea, se convirtieron en seres despreciables, peor que nosotros. En lugar de volver al cielo van al infierno y muy pocos se van al cielo. Su voz mostraba cierta alegría, pero su rostro seguía inexpresivo al decirme eso.

Esta vez pude ver como cambiaba a su forma anterior, es tan rápido e imperceptible por los ojos humanos, le costo menos de una milésima de segundo hacerlo. Otra vez el mismo sujeto, rostro inexpresivo, ojos azules y piel pálida como la de un muerto, solo que ha copiado mi ropa.



De pronto me veo a mi mismo dentro de una bañera semidesnudo disfrutando del agua tibia y limpia, sin previo aviso tomo una hoja de afeitar y hago un corte en la muñeca derecha, la sangre empieza a fluir un poco y vuelvo a hacer otro corte, esta vez mas profundo y con mas fuerza, se cortan las venas y tendones. No se porque no hay dolor, o es que acaso no lo siento.

Nunca había visto mis propios tendones, son de color blanco, están cortados y contraídos, mi mano se siente rara, no importa. Sigo con la otra muñeca y repito la misma operación, cortar venas y tendones, sigue siendo raro porque ya no debería poder mover las manos. Me relajo y dejo que la muerte haga lo suyo.

-Bravo, bravo, por fin lo has hecho, que te costaba hacerlo, no necesitabas pedirme permiso para eso, sabia que lo harías- podía verlo a un lado mío sentado en el retrete aplaudiendo.

El agua tibia impedía que la sangre coagulara y mi vida se iba gota a gota en ese cuarto de hotel, uno que no reconocía, no importaba, supongo yo.

Me empezó a dar un poco de frío y de vez en cuando levantaba los brazos para verme las heridas, sin tendones ya no podía mover las manos, sujetar cosas y lo peor de todo es que ya no había marcha atrás, se que el disfrutaba viéndome, hacer eso, provocarme dolor a mi mismo.

Al final todo se puso oscuro.


El sol todavía no salía, solo esperaba verlo por ultima vez, mirar un amanecer, eso seria todo. El aire frío parecía cortar mi piel y mecía mi gabardina negra. Siempre hace viento arriba de los edificios de 30 pisos.

Los primeros rayos del sol se asoman en el horizonte, es un lindo amanecer, cierras los ojos y simplemente te dejas caer, no hay palabras de despida, ni gritos al caer, solo el aire y la hermosa brisa acariciando tu rostro. Por segunda vez sonríes.

Tu cabeza choca contra el concreto y la muerte es rápida, sin dolor, sin quejidos, solo el sonido de tu cráneo partirse y el de tu cerebro volando en pedazos por los aires y cayendo al piso. Ya has muerto y tu cuerpo queda rodeado de un gran charco de sangre.

Mucha gente se reúne a tu alrededor y no pueden creer que un tipo se suicidara apenas amaneciendo. Entre ellos esta él, mirando ese cadáver sin vida, saca su celular y te toma fotos, eso le gusta. Al día siguiente se sienta en una banca con un café y el periódico leyendo las noticias de tu suicidio.

Siempre lo tuve todo, dinero, poder, pero no era feliz hasta que ella entro a mi vida, me cambio mi forma de ser. Sin embargo un día me la quitaron sin previo aviso cuando le había dado mi corazón.

-Ahora me siento mas solo que nunca- he llagado al fondo de este pozo, se llama depresión.

Estoy en un rincón de mi cuarto, en posición fetal, llorando por su perdida y abrazando su foto, no hay consuelo para el dolor que se siente perder a un ser amado.

Me levanto y voy a mi abrigo, lo abro y saco la pistola, la miro muy bien, su diseño metálico, es estético, ciertamente hermoso, algo de metal que puede hacer daño, quitar vidas como la tuya o la que se atraviese a su paso.

-Anda, ponla sobre tu cabeza, no lo pienses y aprieta el gatillo- sabes de quien es esa voz, sabes que es él.

Saco el cargador de la pistola y veo el peine lleno de balas, son muchas piensas, pero solo una es mas que suficiente para matarte. Lo devuelves al arma, le quitas el seguro, jalas el martillo hacia atrás, pones tu dedo sobre el gatillo y solo falta decidir donde dispararas, si te pones el arma en el corazón la muerte será rápida, pero no tanto, en cambio en la cabeza no sentirás mucho y la muerte será en un parpadeo, tus sesos volaran por los aires, manchando lo que este a su paso.

Sentado en el piso ves la alfombra, lastima que se llene de sangre, esperas que el casero la limpie o compre otra, eso ya no importara. Tomas la pistola y apuntas directo al corazón, no puedes fallar, así sin decir nada aprietas el gatillo.

Un sonido fuerte inunda todo el departamento, mientras tu cuerpo cae hacia un lado, ves todo en cámara lenta, el sabor metálico de la sangre llega a tu boca acompañado de un intenso dolor.

-La bala ha dado en una costilla, creo que deberías disparar por segunda vez- se oye su voz a un lado tuyo.

Maldito seas, fue lo único que pensé, con el arma cercas del cuerpo y un charco de sangre formándose rápidamente aprieto el gatillo de nuevo, un segundo impacto da de lleno en el corazón y sientes un espasmo en tu cuerpo, el corazón es destrozado por la segunda bala, el casquillo caliente se aloja en mi cuello y siento como me quema.

Ya no te puedes mover y ves como la alfombra color crema se va manchando de rojo, son tus últimos momentos, antes de perder la conciencia y morir.

Lo ves ahí sentado en la cama tomando fotos con su celular, le sigue divirtiendo tu muerte, es un juego para el, eres su hobbie.

-YA BASTA- le grite, cortando toda su ilusión y volviendo a la realidad. Nada de eso paso, pero fue tan real, lo sentí todo, como me hacia daño a mismo y los sentimientos, esos que había abandonado hace años.

El me miro sorprendido, o eso pareció ser.

-Sabes bien que eso es lo que buscas, la muerte, mas bien por suicidio, puedo leerlo en tu corazón, solo dime como te gustaría suicidarte y yo haré que se cumpla, es mas no te manipulare, dejare que tu mismo seas quien termine su vida sin mi intervención ¿que te parece? –

La oferta era muy tentadora, pero también había venido a cobrar venganza, sabia como terminar de una vez por todas con su existencia.

-Se que has venido a matarme, a vengarte, por eso has vagado por el mundo tantos años, esperando encontrar una forma de acabar con mi vida, veo que la has encontrado- Me dijo sin decir palabras, la comunicación fue telepática.

-Es cierto- dije en un tono serio y frío. El viento se detuvo y solo quedamos los dos quietos, él deja el periódico a un lado suyo. Eso significaba que tenía toda su atención puesta en mí, me observaba, me trataba de leer, adivinando mi próximo movimiento, sin importar que me encontrara a un lado suyo.

-Sabes, aunque me mates alguien mas reemplazara mi lugar y se dedicara a hacer mi trabajo- me decía dando un sorbo a su café caliente sin quitarme la vista.

Hubo un silencio entre los dos, cada uno pensando las posibilidades de salir victorioso, una pelea sin tregua estaba a punto de iniciar y uno de los dos seria el que diera el primer movimiento, esta vez ninguno de los dos huiría, tenia que acabar en hoy.

Las posibilidades de ganar eran pocas, era un millón a uno, se que el se moverá a una velocidad mayor y que de un movimiento puede matarme con sus manos, pero de quererlo hacer lo hubiera hecho hace mucho. Solo le divierto y esto es un juego, un juego que se ha tornado peligroso para ambos.

-Si me permites acabar mi café dejare que hagas la prueba y me dispares, no pondré resistencia ni huiré, solo tendrás que sacar tu arma, apretar el gatillo y eso será todo- me dijo, eso corto toda la tensión que había entre los dos y al final puso una sonrisa que me congelo de terror.

Sabia como matarle, en la biblioteca de un monasterio encontré que el acero de la lanza de Longinus podía hacerles daño a los demonios de categoría mayor. Balas de acero procedente de la lanza del destino (es mas practico que traer la punta de la lanza en la mano), suficientes para matar al mismo lucifer si algún día se parara sobre la tierra. Se dice que quien posee la lanza controla el mundo, creo que eso ya no será posible, la he derretido y tengo cuatro cargadores llenos de balas de ese acero.

-Es raro que el mismo demonio que se encarga que la gente se suicide se deje asesinar por un mortal, si me dejas puedo ser yo quien me dispare, me pondré el arma en la cabeza o en el pecho donde esta mi corazón, te doy mi palabra. No sabias que los demonios tenemos los mismos órganos vitales que los humanos (debido a su imagen y semejanza) aunque no los usamos, no significa que dejen de ser vitales-

El tiempo se ha detenido, se que él lo ha hecho, no se como, pero esta es mi oportunidad.

Saco mi arma y el sonríe, apunto a su pecho y disparo a quemarropa una vez, la bala se incrusta en su pecho, el dolor se refleja ahora en su rostro, es la primera vez que le veo sufrir. La sangre empieza a escurrirle manchando su ropa negra, parte de ella empieza a escurrir por la banca, un ligero hilo rojo empieza a formar gotas que caen al piso desde la banca.

-No es necesario que aprietes el gatillo otra vez, has dado en mi corazón, me queda un poco de vida gracias a los poderes que tengo de demonio- decía con la voz algo lenta, en serio le había hecho daño.

Con sus dedos toca el agujero que la bala dejo en su cuerpo, palpa su sangre, es roja como la de los humanos, baja su mano y se recarga a mi lado. Ya no tiene las fuerzas suficientes para levantarse, esta muy débil, su fin esta próximo

-Sabes, me hubiera gustado poder suicidarme, pero eso es imposible para seres como nosotros, solo ustedes pueden hacerlo. Es parte de su libre albedrío, algo que no tenemos- me dijo antes de que el silencio reinara en el ambiente.

Cerró los ojos y murió.

Nunca conocí el nombre de ese demonio, según sabia que si llegas a conocer su verdadero nombre puedes invocarlo y aprovechar para matarle. Es por eso que nunca sabre quien era el, solo sabia que era uno de los grandes. Considero que su vida nunca fue buena ni mala, solo hacia su trabajo y seguía órdenes. Me siento raro, es como si perdiera a un amigo, alguien a quien le tenía aprecio y estima.

Me recargo en la banca por un momento y cierro los ojos. Por fin todo ha acabado.

-Había olvidado decirte que puedo escoger a mi sucesor, es una forma de expiar mis pecados, mi oportunidad de ser mortal, de trascender y estar con Dios aya arriba- sonó la voz de antes, de quien fuera mi enemigo.

Abro los ojos asustado, no es posible que ese tipo este vivo. Dios mío, no puede estar pasando esto, me levanto rápidamente el se encuentra ahí en la banca y yo estoy aquí, ¿acaso cambiamos lugares?

¿Que ha pasado? ¿Que hiciste? Le grite asustado.

-Un intercambio para ser precisos, tu vida por la mía, ahora yo soy el mortal, tu el demonio, puedes vivir todo el tiempo que quieras y hacer lo que te pegue la gana- me dijo con una alegría que me paralizaba.

Ahora me doy cuenta, él fue quien planeo todo, ahora yo ocupo su lugar, se convirtió en un mortal.

-Como demonio tienes muchos poderes, solo basta imaginarlo y se hará, ten en cuenta que puedes regenerar tus heridas por mas mortales que parezcan, solo cuídate de las mismas balas que fabricaste porque alguien mas te puede matar. Hay un protocolo entre demonios que debe respetarse, si lo rompes vas a parar al infierno, ten en cuenta eso. No puedes controlar el cuerpo y la mente de las personas, eso va contra el reglamento, pero si puede influenciar a que se suiciden, ese será tu trabajo-

Me doy cuenta que caí en su juego, su ambición por ser un mortal tuvo éxito. Todos tenemos sueños y el había cumplido el suyo.

-Gracias y adiós- Fue lo último que me dijo.

---FINAL ALTERNATIVO---

-Por fin soy libre, tengo una vida mortal y haré todo lo posible para trascender y no volver a nacer nunca mas- me dijo mientras se alejaba.

El tiempo ha vuelto a la normalidad, las personas que nos rodean no sintieron ni vieron nada. Hay cientos de preguntas, pero desconozco el motivo porque las respuestas me vienen a la cabeza antes de hacer las preguntas, es acaso el poder que se tiene al ser un demonio.

Mi trabajo es ahora, engañar a las personas, manipularlas y hacer que se suiciden, que pequen contra la voluntad de Dios y acaben en el infierno.

-No gracias, renuncio a este trabajo- me pongo la pistola en la sien y aprieto el gatillo.

El sonido del arma se oye por todo el lugar, las personas voltean a ver que ha sido, unas mujeres gritan y todos se alarman. Mi cuerpo cae lentamente al piso, caigo de lado y un charco de sangre empieza a formarse. Esta vez es real, no es una ilusión.

Me volviste a mentir, demonio. Fue lo último que pensé.

Después todo se puso oscuro.

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Re: El demonio del suicidio

Mensaje por Guest el Vie Oct 01, 2010 2:26 pm

Jajajajajaja d verdad muy bueno una prueba más q no debes bajo ningún concepto creer, ni confiar en estas entidades. Excelente!!!

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